• Maria Alejandra Hoyos

¿Por qué cerré mi primer emprendimiento para empezar nuevamente desde cero?


En Diciembre de 2015 creé una panadería y pastelería artesanal. Con mucho trabajo, errores, aciertos y siendo mi primera experiencia profesional, logré sacarlo adelante hasta el 20 de marzo de 2020 cuando a causa del COVID19 empezó la cuarentena en Bogotá.


Como les conté en la anterior publicación de este blog, mi nuevo estilo de vida me trajo cosas muy buenas, pero también algunas otras difíciles de enfrentar y para las cuales no me había preparado.  La confrontación más dura fue conmigo misma y con mi vida profesional. Entre más aprendía y comprobaba el poder de los alimentos reales, más me desmotivaba estar a diario rodeada de harinas refinadas, azúcares y grasas poco saludables propias de los productos que había creado para mi empresa.  Poco a poco y sin hacerlo de forma consciente, perdí el interés por mi trabajo, y por ese proyecto al cual tanto amor le había puesto durante 4 años. No digo que alguien con un estilo de vida saludable no pueda dedicarse a hacer panadería o pastelería tradicional y no estoy entrando a juzgar a quienes lo hacen porque se lo apasionante que es ese oficio. Simplemente, yo me desconecté de esa pasión, mi mentalidad había cambiado tanto que incluso llegué al punto de sentirme mal de que las personas compraran mis productos. En ese tiempo pasaba los días en piloto automático y cuando uno como líder no tiene un propósito que lo conecte con su emprendimiento, todo pierde sentido y eso se ve reflejado en los resultados y en el estado emocional.

 

Fue ahí donde con ayuda de mi familia entendí y acepté que necesitaba apoyo. Empecé un proceso de coaching con el fin de volver a encontrar el sentido en mi vida profesional, trabajé en reconocerme, en darle mayor valor a mi camino, en aceptar mis miedos y trabajar en herramientas que me permitieran usarlos para actuar desde el valor que me daban y no como excusa para auto sabotearme.

En medio de este proceso, llegó el coronavirus a Colombia, de un día para otro declararon cuarentena y me vi obligada a cerrar la planta de producción indefinidamente. Nuestros principales clientes eran institucionales (colegios, restaurantes, hoteles) por lo tanto, las ventas automáticamente bajaron en un 90% ya que estos sectores fueron los primeros en quedar clausurados.

Tengo que reconocer que a pesar de la incertidumbre, las primeras semanas de cuarentena fueron muy especiales porque mi proceso personal me hacía sentir que era el momento perfecto para volver a conectarme conmigo misma y reconocer que la vida me estaba haciendo un favor al obligarme a parar esas labores que ya no me hacían tan feliz.


Sin embargo, esto también me hacía preguntarme, ¿quiero seguir haciendo lo mismo cuando todo esto acabe?. Antes del coronavirus, mi excusa para no hacer cambios en la empresa era el hecho de estar creciendo, de tener clientes importantes a los cuales no podía dejar de abastecer. Siempre me acordaba de lo duro que había trabajado por todo lo que había conseguido y sencillamente no me permitía pensar en la posibilidad de perderlo. Desprenderse implica hacer un duelo, y el tiempo de la cuarentena me permitió aceptarlo y transitarlo con todas las emociones que esto conlleva.

Paralelamente, tuve mucho tiempo para explorar aún más mi relación con los alimentos, para seguir aprendiendo y sobretodo para darme la oportunidad de esforzarme por cocinar a diario comida deliciosa y saludable. Esto se convirtió en mi mejor terapia. Siempre había dominado las recetas de todo lo que fuera dulce, pero con la comida de sal tenía un bloqueo grande, ni el arroz me quedaba bien. Por eso, dedicarme a la cocina de sal durante la cuarentena fue toda una revelación y compartirla con los demás así fuera a través de fotos por whatsapp se convirtió en mi motivación diaria. Esos días me permitieron reafirmar que tenía que abrazar los cambios y lanzarme nuevamente a hacer algo que me llenara. Ahí, entre la necesidad económica racional que trae parar de generar ingresos por 2 meses y el impulso emocional de crear nuevas recetas y compartir mi camino, tomé la decisión de cerrar mi anterior negocio y empezar de nuevo, desde cero, con la determinación de crear una empresa nueva totalmente alineada a mi propósito.

Así nació RE.AL, de la transición de una empresa de panadería y pastelería tradicional a una planta de producción de productos saludables, es la materialización de este largo proceso de replantear mi alimentación y la de todos los que queremos vivir con amor propio, felicidad y bienestar.

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